La verdad es que 2010 ha pasado sin pena ni gloria. Vamos, ha habido alguna cosa muy positiva como dejar el curro que me amargaba. También hemos cambiado de piso y el nuevo, aunque estrecho, está mucho mejor. ¡Qué gustazo descansar por las noches! El verano, aunque corto (gran parte de agosto me la pasé traduciendo), moló también con el Orgullo, Kylie y el Contempopránea con sus noches extremeñas y sus hamburguesas cuadradas. Hacia el final del verano estuvo también Berta, loca del coño, pero encantadora.
Y hacia el final del año volví a la Comisión de Educación. Y para cerrar el año, la noticia de que la familia crece.
Como especialmente negativo destacaría la reaparación de la amenaza de la hernia en la recta final del año.
Pocas juergas nocturnas, muchos conciertos. Muchos gafes tecnológicos. Muchos viajes peninsulares y un par europeos (¡tocan los intercontinentales!). El año de la crisis de los cojones. Las risas, chulazos y cafés compartidos con Isa y Elena Repsol y el reencuentro con Simone, a la que no veía desde mi era austríaca. El año sin Arancha (vente pa Madrid, leñes). El año que se confirmó mi plaza de la opo (and still waiting).
Y para despedir el año, qué mejor que como lo empecé, con nuestro amigo Marvin (que últimamente se prodiga poco)…
¡Feliz 2011!




